CUATRO COSA PARA VENCER LAS EXCUSAS DE SALUD

La mejor vacuna contra las excusas de salud consiste en cuatro cosas:

  1. conversaciones respecto a la salud. Cuanto más hable de sus achaques de salud inclusive de un resfriado común, lo peor es que lo va a conseguir.

Hablar de la mala salud es una mala costumbre, aburre a la gente le hace aparecer como un centrado en sí mismo y en su falta de empoderamiento.

La gente que piensa en el éxito desecha esta tendencia natural de hablar de su mala salud.

Uno puede permitirse de merecer una pequeña simpatía: pero no respecto a la salud, sino a un quejambroso crónico.

  • Rehúse preocuparse acerca de su salud. El doctor Walter Álvarez, consultante emérito de la famosa Clínica Mayo, ha escrito lo siguiente:” Siempre rogué a los preocupados que ejercitasen el control de sí mismos. Por ejemplo: Cuando vi a ese hombre, un sujeto que estaba convencido de que tenía la vesícula biliar enferma, aunque ocho exámenes por separado de rayos X demostraban que el órgano estaba perfectamente normal, le supliqué que se liberase del temor obteniendo la radiación X de su vesícula”.

He rogado a centenares de hombres enfermos del corazón que se librasen consiguiendo un electrocardiograma”

  • Sentirse genuinamente agradecido porque su salud es tan buena como es. Hay un viejo aforismo valioso repetido muy a menudo:

“me siento disgustado conmigo mismo porque he destrozado zapatos hasta dar con un hombre que no tenía pies.”

En lugar de quejarse acerca de que no me siento bien es mucho mejor estar contento porque es tan saludable como es. Precisamente ser agradecido por la salud que usted tiene es una poderosa vacuna contra el desarrollo de nuevos dolores, molestias y enfermedades reales.

  • Recuérdese así mismo a menudo. La vida que usted tiene ahora es para gozarla. Por favor no la derroche, no servirá de nada vivir, hoy pensando en sí mismo en un lecho de hospital.
  • Decidir que usted tiene un cerebro para el éxito. La excusa de no tener inteligencia, o de yo no soy capaz de hacer algo, es muy común.

De hecho, es tan común que quizá el 95% de la gente que nos rodea lo acusan en grados variados. A diferencia de la mayor parte de tipos de excusas, la gente afectada por este tipo en particular de enfermedad sufre en silencio. No son muchos los que admiten abiertamente que piensan carecer de inteligencia adecuada. Más bien lo sienten en lo profundo de su fuero interno. La mayoría de las personas incurre en errores básicos respecto a la inteligencia:

  1. Subestima su propio poder cerebral, y
  2. subestima el poder cerebral de los demás.

A causa de estos errores son muchos los que se venden asimismo a poco precio, pero a la larga surge el sujeto, a quien no inquieta la inteligencia y obtiene el empleo.

Lo que realmente importa no es cuánta inteligencia tiene usted sino como emplea la que tiene. El pensamiento que guía su inteligencia es mucho más importante que la cantidad de su poder cerebral.

Con una actitud positiva, optimista y cooperativa una persona con un equivalente de 100 ganará más dinero, merecerá más respeto, y realizará mayores progresos que un individuo negativo, pesimista, no cooperativo, con un equivalente de 120. Porque la persistencia es un 95% la habilidad.

A causa del pensamiento negativo que guía a un sujeto este contribuye muy poco en una actividad o no produce nada. Su sistema inmunitario se deteriora ya que es una red compleja de células que se comunican entre sí mediante la producción de moléculas llamadas citoquinas. Las citoquinas inflamatorias ayudan a combatir las infecciones y las citoquinas antiinflamatorias estimulan la reparación de tejidos dañado.

Mediante un cambio de actitud, podría realmente hacer grandes cosas porque posee un cerebro para obtener un gigantesco  éxito, pero no el poder del pensamiento para realizarlo.

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